
¿Cuál es nuestra razón de ser?
Empecemos diciendo que en Vacamú estamos sus editores, José Mateo y Xènia Dyakonova. Quizás el lugar de origen de Vacamú sea nuestra voluntad de dar a conocer, difundir y promover aquí elementos de la literatura para niños de la tradición rusa y de algunos países del Este de Europa.
Como traductores de poesía, nuestra primera tentación fue versionar algunos de los clásicos de allá: por ejemplo, Julian Tuwim o Daniil Jarms. Estos clásicos han atravesado generaciones, encarnándose en una multiplicidad de libros (ilustrados a veces con tanto acierto que el artista logró construir un todo en tensión); ahora bien, los textos mantuvieron su autonomía, una potencia propia que podría resistir también el tránsito entre lenguas. La idea era (y es) conseguir poemas en castellano que se disfruten de forma inmediata, sin descuento de traducción.
Por el único método que conocemos, hacer lo que se pueda, conseguimos algunas versiones que nos satisfacían: ¡magnífico! ¿Y luego? ¿Se pueden publicar en bilingüe?¿Podemos hacer algo para que lleguen a los lectores? ¿Podemos ayudar a que, además de disfrutarlas ingenuamente, el público entienda de dónde salen?
Lo que da vida y vigencia a las obras de aquella gente y nos lleva a querer formar parte de su familia es su manera de hacer. El poeta polaco Jan Brzechwa decía: «Todavía albergamos la idea de que escribir para niños es crear una especie de subproducto, como fabricar juguetes a partir de desechos en la industria pesada». Kornéi Chukovski, padre de la mejor tradición de la poesía infantil rusa, declaraba con radicalidad: «Un autor adulto puede no ser muy dotado; el autor infantil tiene que serlo necesariamente». Más allá del corpus, de ellos nos interesa el aliento.
Hay que reconocer, no obstante, que la autoexigencia y el respeto por el lector, tenga la edad que tenga, no son exclusivos de ningún ámbito histórico y geográfico. Así que, ya puestos, si más que la letra, importa el espíritu, ¿por qué limitarse a los clásicos de la Europa del Este? ¿Qué hay, por ejemplo, de las fuentes anglosajonas de las que ellos mismos bebían?
Es más, ya puestos…
…(¿hasta dónde llegaremos con el «ya puestos»?), ¿por qué no intentar aplicarnos el cuento y componer nosotros mismos libros nuevos con algo de ese aliento fresco?
Vengan de donde vengan, ¡hagamos libros verdaderos, libros bonitos, libros que nos gustaría tener entre las manos, de los que no querríamos desprendernos y que, sin embargo, querríamos compartir…! Pero, antes, una pequeña reflexión: por nuestro estado de partida, hemos empezado priorizando la poesía en verso, y, por tanto, pensando en construir el libro desde el texto, desde el componente sonoro. Propiciar la escucha de la voz y reposar en la afinación de unas palabras capaces de atravesar generaciones está muy bien, y hace falta, ¿pero por qué no adoptar también otros principios constructivos? ¿Por qué no partir, por ejemplo, de las imágenes o de la estructura material del libro y su manejo?…
Por ahí va el camino de interrogantes, ambigüedades y puntos suspensivos cuya respuesta y continuación, desde 2023, vendría a ser Vacamú. Vendría a serlo muy despacio, porque Vacamú tiene poco de industria, y muge lentamente: solo podemos publicar dos o tres libros al año en castellano, seguramente no hacen falta más.
En fin, a la velocidad que sea, hala, libros para lectores exigentes y no tan exigentes. Incluso para no tan lectores: para niños de todas las edades.




