
Daniil Jarms (1905-1942) es, por un lado, un autor de culto de literatura adulta: figura central de Oberiú, el último grupo de la vanguardia literaria soviética de los años veinte del s. XX. Escribe relatos y obras teatrales absurdistas de gran hondura. Por otra parte, como autor infantil, ha sido siempre popularísimo en Rusia. Hay una clara línea de unión entre la obra infantil y la adulta, que, a causa de la deriva estalinista que afectó a todos los ámbitos de la producción artística, quedó inédita hasta muchos años después de la muerte del escritor. Jarms encontró refugio en la literatura infantil, pero no la convirtió en un género menor ni fue nunca condescendiente con el público. Supo adaptarse a ella sin ceder a los clichés del momento. Sin embargo, a la larga, tampoco ese paraguas le valió para ahorrarse una condena de exilio, la proscripción de sus trabajos —el hambre y las penurias que eso le acarreó— ni finalmente la muerte en el hospital penitenciario de Leningrado durante el sitio de la ciudad. No dejó una obra infantil muy extensa, apenas unos 50poemas y unos puñado de cuentos; pero, irreverentes y desenfadadas, sus poesías se conservan de maravilla. Hoy día —como viene pasando a lo largo de los 50 años— continúan saliendo en álbumes que hacen las delicias de padres e hijos.

Daniil Jarms (1905-1942) es, por un lado, un autor de culto de literatura adulta: figura central de Oberiú, el último grupo de la vanguardia literaria soviética de los años veinte del s. XX. Escribe relatos y obras teatrales absurdistas de gran hondura. Por otra parte, como autor infantil, ha sido siempre popularísimo en Rusia. Hay una clara línea de unión entre la obra infantil y la adulta, que, a causa de la deriva estalinista que afectó a todos los ámbitos de la producción artística, quedó inédita hasta muchos años después de la muerte del escritor. Jarms encontró refugio en la literatura infantil, pero no la convirtió en un género menor ni fue nunca condescendiente con el público. Supo adaptarse a ella sin ceder a los clichés del momento. Sin embargo, a la larga, tampoco ese paraguas le valió para ahorrarse una condena de exilio, la proscripción de sus trabajos —el hambre y las penurias que eso le acarreó— ni finalmente la muerte en el hospital penitenciario de Leningrado durante el sitio de la ciudad. No dejó una obra infantil muy extensa, apenas unos 50poemas y unos puñado de cuentos; pero, irreverentes y desenfadadas, sus poesías se conservan de maravilla. Hoy día —como viene pasando a lo largo de los 50 años— continúan saliendo en álbumes que hacen las delicias de padres e hijos.





